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My Daily Nightmare

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By Naosem

CAPÍTULO 3

POV. Yong Sang 
Levanté mi brazo y perezosamente apagué la estruendosa alarma. El instituto llamaba de nuevo. Me levanté y lo primero que hice fue bajar a desayunar, pues no había comido nada, ni siquiera cuando Zitao volvió a su casa en la madrugada. 
― ¡Buenos días! – Grité y me abalancé sobre mi padre, quien sentado en la mesa de la cocina, leía el periódico. 
― ¡Aigoo! Alguien se ha levantado de buen humor – Rió y me devolvió el abrazo. 
Papá, a pesar de tratarme como una niña pequeña que debe obedecer a todos sus mandatos, era el único que en verdad me entendía. Le quiero desde que tengo memoria, siempre fue mi modelo a seguir. La cosa es que yo no quiero ser la sucesora de su empresa y eso causa bastantes problemas. 
Mientras me servía cereal, pensé en las navidades pasadas y me deprimí un poco. La abuela había muerto un día después de noche buena y mentiría si no dijera que la extraño demasiado. Ella nunca me vio con la utilidad financiera como lo hacen mis padres, me dijo que cometió un gran error al volverse dueña de la empresa de mi fallecido bisabuelo, pero gracias a eso conoció al amor de su vida y tuvo una familia feliz… Bueno, hasta que mi padre creció y heredó la empresa, volviéndose un hombre frío y calculador. 
Recuerdo que me asustaba bastante cuando mi madre me decía que debía quedarme en la oficina de mi padre, pues me regañaba hasta por respirar. Tal vez me estoy saliendo un poco de tema, discúlpenme, ahora regresemos a mi cocina. 
Mamá bajó las escaleras y cuando me vio comiendo tranquilamente mis cereales, su expresión cambió a sorpresa. 
― ¡Yong Sang! ¿Por qué no te has arreglado? ¡Mira la hora! – Regañó ella. Miré hacia el reloj y suspiré. 
― Aún tengo cuarenta minutos, mamá.
― ¿De qué hablas? ¡Luhan estará aquí en veinte! 
Me atraganté con la cuchara. Sí, leyeron bien, no sé cómo, pero me atraganté con la cuchara. 
― ¿Luhan no te lo dijo? Te llevará de ahora en adelante al instituto. ¡Él se quedó anoche sólo para eso! – Mamá me palmeó la espalda, mientras yo tocía violentamente – Decidimos que él te lo dijera para que empezaran a ser un poco más cercanos. ¿Acaso no te encontró? ¡Dime que no lo evitaste, Yong Sang! 
― ¡Claro que no, mamá! – Dije cuando pude recobrar el habla – Me lo encontré en la salida y ese idiota me dijo que había dejado su billetera, luego…
Me callé. 
“No te había escuchado hablar tanto en todo el día, es un progreso. Hasta mañana, dongsaeng”. 
― Ese hijo de… - Papá carraspeó- su querida y hermosa madre, que prontamente será mi suegra. Iré a prepararme, entonces. Gracias por avisar. 
Seguido de esto, me levanté y corrí escaleras arriba, pensando en cómo iba a arreglar el desastre que era mi cabello en tan sólo quince minutos. 
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― Hemos llegado. – Dice Luhan, aparcando el auto en el estacionamiento del instituto. 
Como siempre, permanecí en silencio. 
― Oh, vamos. ¿Estás enojada porque no te dije que te recogería? Eso es infantil. – Me giré hacia él, ofendida.
― ¡El único infantil aquí eres tú! ¿Por qué no me dijiste?
― Verás, no fue como si encontrarte sola con Zitao me gustara. Quería irme de ahí lo antes posible. 
― Idiota… – susurré, mientras bajaba del auto. Me colgué mi mochila al hombro y caminé a los ascensores. Tenía que ir hasta el quinto piso y no tenía muchos ánimos de subir las escaleras. Ya dentro, cuando presioné el botón, Luhan me empujó hacia atrás, provocando que quedara entre la pared y él.
― ¿Sabes? No me agrada mucho Zitao y supongo que te has dado cuenta. Por lo tanto, me agrada mucho menos ver a Zitao con quien será mi futura esposa. No sé qué clase de relación tienes con él, tampoco tengo derecho a intervenir en ella, pero por favor, aléjate. Como sé que no me escucharás, porque eres increíblemente terca, entonces cuídate. Mucho. – Dicho esto, salió del ascensor justo cuando este se detuvo en el tercer piso, en el cual entraron otras dos personas más. 
Para cuando llegué a mi piso, mi corazón seguía acelerado. 
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― Alma desamparada en busca de consuelo, que vaga en las noches vestida con velo… 
La clase de historia siempre me ha parecido bastante interesante. En especial por la actividad “Martes de Poemas”, un pésimo nombre, por cierto, pero un gran contenido. La mayoría de los estudiantes escribían sus poemas, otros simplemente los buscaban en internet y luego estaba yo, que no hacía nada. Antes me encantaba escribir. A donde fuera, tenía que llevar papel y lápiz a mano. Escribía poemas, historias, chistes, adivinanzas. Eso fue hasta que descubrí lo vulnerable que podías ser al compartir tus sentimientos de esa manera, además nunca trajo algo productivo.
Cuanto lamento decepcionarte, cuanto lamento no ser tu melodía. Pero mi problema es, que sólo escucho letras vacías.
Me descubrí anotando en la última hoja de mi cuaderno, mientras la campana anunciaba que la clase había acabado y debíamos ir al receso. Guardé mis cosas y estaba a punto de salir, cuando el profesor me llamó como un gesto. 
― Señorita Shin, ¿ha escuchado de las nuevas convocatorias del taller de artes? Están reclutando gente para música, canto y baile. – Me entregó un formato de inscripción. Dudé un poco, pero finalmente lo acepté. – Yong Sang, no desaproveches ese gran talento que tienes como lo hiciste el año anterior. Sé que no puedo convencerte para ser una poeta, pero con esto al menos podrás desarrollar más tu habilidad. Están interesados en nuevos compositores. 
― Por supuesto que lo ingresaré, señor Choi. Quisiera participar en más clases extracurriculares, ya que es mi último año. 
― ¡Eso es maravilloso! Llena el formato y llévalo a la oficina del director. Por el día de hoy los estará recibiendo, ya que el encargado regresa mañana de un viaje de negocios. – El profesor Choi me sonrió. – ¡Anda, anda! No pierdas más tiempo con este anciano.
Hice una leve inclinación y salí del aula. En clase de cómputo, me dediqué a rellenar la inscripción, mientras la profesora explicaba cosas que definitivamente ya sabíamos todos. Cuando terminé de comer en el recreo, me dirigí a la oficina del director, sorprendiéndome al ver un montón de adolescentes en la puerta de este. En especial chicas, pues con mi mirada conté sólo tres chicos, que sin ofender, no se veían como chicos a primera vista. 
Trataban de mirar por la abertura de la puerta, por la cerradura, por cualquier parte inimaginable. Más de uno perderá un ojo ahí. Me acerqué un poco y cuando llegué, la gente empezó a abrirme paso. 
― ¿A qué vienes tú aquí? – Me pregunta Dasom, una de las chicas más “lindas” del instituto. Sinceramente, he visto un montón de chicas aquí más hermosas que ella, pero la gente tiene ese estereotipo estúpido de que si pones a alguien maquillada y peinada, al lado de alguien que prefiere su estado natural, inmediatamente esto la hace más bonita. 
― No creo que sea de tu incumbencia, querida. Ahora, fuera de mi camino, por favor. 
Entré a la oficina del director. 
― Joder, ahora entiendo. – Luhan levantó su dedo índice hacia mí, indicándome que esperara mientras él atendía la llamada. Cuando colgó, me acerqué al escritorio. – ¿Qué haces aquí? 
― Diecisiete años estudiando en el mismo instituto y nunca te has dado cuenta que es propiedad de mi compañía. – Sonrió levemente. – Sí que eres distraída.
Escuchamos un fuerte golpe en la puerta. Luego un montón de risas y finalmente, se hizo el silencio de nuevo. 
― ¿Sabes que hay un montón de chicas en plena pubertad ahí fuera, cierto? 
― El olor a perfume barato, labial y esmalte de uñas, lo hace bastante evidente, ¿no? 
Arrugué mi nariz un poco. Que chico tan cruel. 
― Como sea, sólo vengo a entregar un formato de inscripción. – Se lo pasé y él empezó a revisarlo lentamente. – Oye, no lo leas.
― No sabía que te gustara el baile. Eso es interesante.
Me reí un poco y Luhan me miró extrañado. Negué levemente con la cabeza y él simplemente siguió revisando el documento. Lo lamento, fue imposible no reírme después de recordar a los chicos de pie fuera de la oficina, poniéndose una fina capa de brillo labial. 

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