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My Daily Nightmare

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By Naosem

CAPÍTULO 9

Cerré la última maleta y la coloqué al lado de la puerta. Suspiré, dándome cuenta de que extrañaría Corea, pero ya no podía aguantar esta circunstancia. Estaba agotada. Lidiar con Luhan, con los preparativos, con toda clase de gente juzgándome y aun así tener que actuar con suma tranquilidad… al mirar de nuevo las maletas, supe que no debía irme. 
Corea es mi hogar, y esta razón es estúpida. No me importarían Luhan y Rae Gun desde ese momento. Me olvidaré de ellos y tejeré mi propia vida, con alguien a quien de verdad quiera. Tomé de nuevo las maletas, desempacando y guardando en el armario. Me encontraba de cuclillas, depositando los libros en el cajón del escritorio, cuando escuché como llamaban a la puerta.
― Hija. – Llamó mi madre, desde el otro lado de la madera. Después de que le permití pasar, ella me miró fijamente, mientras yo seguía con mi labor. – Luhan ha enviado un regalo y…
― No me interesa. 
― Yong Sang.
Negué con la cabeza y me levanté, caminando hacia la puerta por el lado de mi madre. Antes de salir, hablé con ella.
― Todo lo que tenga que ver con él, apártalo de mí. No permitiré que vuelva a hacerme daño. Esta será la última vez. 
Mamá me observó con los ojos cristalizados, pero aun así, asintió levemente y se apartó de la puerta. Bajé las escaleras y salí de casa, para ir hasta la carretera y tomar un taxi. Era hora de darle una pequeña visita a mi madrina.

POV. Luhan.
La madre de Yong Sang me llamó, contándome la reacción que yo ya había esperado. Me dio una buena noticia, y es que sus prendas habían vuelto al ropero, así que ahora probablemente no planeaba irse de Corea.
Suspiré, tirando sobre una mesa la nota que mi padre había vuelto a traer a mis manos cuando Yong Sang la rechazó. Miré hacia el reloj, que marcaba las tres con cuarenta y cinco de la tarde… de todas formas, ya no hay caso… Pero igual tomé mi móvil y empecé a hacer llamadas insistentes. Todas al mismo número.

POV. Yong Sang. 
Desabordé el taxi y corrí hacia la entrada de la casa de mi madrina. Accioné el timbre, esperando a una alegre señora, pero nadie abrió. Me sorprendí, ya que mi madrina solía abrir sin que siquiera culminara el primer tono. Toqué otras cuatro veces, seguidas, hasta que sentí unos pasos pesados en la escalera. Fruncí el ceño, y retrocedí más de lo que debía, casi cayéndome del porche. Escuché como el pestillo se quitaba bruscamente y alguien abrió la puerta.
― Escucha, ella no fue, y no creo que quiera solucionar las cosas, es terca y- 
Se detuvo abruptamente, observándome. Abrí mis ojos completamente, e imaginé lo impresionada que lucía. De mis labios salieron unos leves balbuceos y de nuevo avancé hasta la puerta, rodeando en un fuerte abrazo a la persona frente a mí. Él me rodeo con sus brazos, apoyando su barbilla en mi cabeza. No sabía que sentir, y las lágrimas de felicidad se derramaban por mis mejillas.
― Ji Yong. – Dije, incrédula. Lo apreté más contra mí. – Has vuelto. 

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Recibí la taza que mi hermano me ofrecía, mientras éste se sentaba delante de mí. Sonreí ampliamente y en el momento en el que Ji Yong me regresó la sonrisa, me quedé seria y golpeé fuertemente su brazo.
― ¿Dónde estabas, baboso? ¿Sabes cuánto te he buscado? – Él se acarició el brazo lentamente, sonriendo con sorna. 
― Lo lamento, me sentí un poco herido y levemente humillado cuando mi padre me quitó su apellido y tuve que tomar el de mi padrino. 
― ¡Pero eso no quiere decir que yo estuviera de acuerdo con ello! – Me puse de pie y me senté a su lado, dejando la taza en la mesita y abrazándolo de nuevo. – No sabes cuánto te extrañé. 
Ji Yong rió suavemente, acariciando mi cabeza. Cerré los ojos y suspiré. Tener a mi hermano de vuelta me trajo un montón de alegría, aunque sólo haya pasado menos de una hora. 
― Ji Yong. 
― ¿Hmm?
― ¿Por qué viniste? – Me miró, frunciendo el ceño. – ¿Qué? 
― ¿No te lo ha dicho? – Me incorporé, observándolo. En la expresión de mi hermano hay confusión. No dejé de mirarlo, hasta que todo encajó en mi cabeza. Reí falsamente, descartando ese pensamiento. Ji Yong sonreía burlonamente, otra vez. Igual a cuando éramos niños, siempre me miraba así cuando él tenía razón. O simplemente era sarcasmo, no sé, nunca llegué a entenderlo. – Luhan me contactó.
― No. – Dije, sin poder creerlo. – ¿Estamos hablando del mismo Luhan? ¿El mismo imbécil que se besó con otra? 
― Creo que sí. – Él chasqueó su lengua. – Pero el hombre que yo conozco, viajó hasta Suncheon sólo para encontrarme. Se quedó ahí, buscándome por todo rincón. Fue unos días después a tu cumpleaños… hubiera sido más difícil encontrarme si no fuera por la otra chica, Rae Gun, quien estudió en la escuela de artes con una amiga de Haneul, mi esposa. – Mi hermano se reacomodó en el sofá, tranquilo. – Al final, dio conmigo, y me contó todo lo que pasó durante mi ausencia… y que te ibas a casar por obligación. Le dije que no podía ayudarlo en ese momento, pues Haneul estaba de viaje y yo tenía que cuidar a Sun Hi.
― ¿Mi… sobrina? 
Él sonrió. ― Sí, ella misma. 
Bajé la mirada al suelo, mi mente en un completo desorden. No comprendo a Luhan… y odio eso. Odio sentirme confundida, y no saber con certeza que es lo que pasará. Mi hermano puso su mano sobre la mía, y sólo en ese momento vi a sus ojos. 
― Ninguno de los dos se merece esto, Yong Sang. Tal vez deberías-
― ¡Oh! ¡No me digas que ahora pedirás que lo disculpe! – Exclamé, soltando su mano. – Ji Yong, ¡se besó con otra! ¡Sabiendo que se iba a casar conmigo, estoy segura de que estaba consciente de ello cuando puso sus labios sobre los de ella! 
― ¡Pero ha hecho esto por ti, niña tonta! 
― ¿Y por qué debo perdonarle? Me he librado de ese matrimonio, ya no me importa. 
― ¿Entonces por qué luces tan celosa? – Le dirigí una mirada fulminante. – Creo que ya has actuado como una fría estatua de mármol, sin sentimientos, por mucho tiempo, Yong Sang. 
― ¡Qué importa! ¡Estoy bi-
― ¡No, cállate y escúchame! – Gritó, alterado. Me asusté un poco, ya que nunca había visto a mi hermano así. ¬– Sólo, déjame hablar. En ocasiones, la vida puede ser muy difícil, pero enfrentarse al dolor vale la pena. Es mejor sentir diferentes emociones, a no sentir ninguna en absoluto.*
Me quedé en silencio, reflexionando sobre sus palabras. No sé, tal vez tendría razón. Y no sé, tal vez por eso, al día siguiente, me encontré en la casa de Luhan, agradeciéndole por lo que había hecho. 
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Quiero dar crédito a la frase marcada con *, a la cantante Demi Lovato, quién la hizo publica en su libro Sé Fuerte. También a mi mejor amiga, Valery, la persona que me la hizo conocer. 

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Naosem.


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